miércoles, 14 de junio de 2017

Máscaras

Quisiera decirle que no echo de menos su risa y sus bromas pesadas, que no extraño esa mirada de ojitos tristes y las tardes de café...

            Masajear sus ojeras...

Decir que no me hace falta antes de cerrar los ojos y que no despierto deseando verle de nuevo...

            El claro de sus ojos es hermoso... 

Decir que todo va a ir bien, que no sufro más y que no me importa, que ya dejé de intentar, que me pude levantar... Decir que estoy bien, que soy feliz, que tengo ganas de seguir; y creerlo, y que lo crean...

            Sentir de nuevo sus labios fundirse a los míos...

Decir que ya no lo quiero y que no lo extraño, que ya no lo veo en cualquier sitio donde piso, que no lo imagino siempre al lado mio...

            Su voz, su respiración... 

Decir que la distancia no duele, que no se siente faltar el aire y que no se agita el corazón al recordarle... que ya no me ahogo entre mis mares, que no se me inundan los ojos de ideas y de sueños y de planes, que no escurren las nostalgias, que no se desgarra todo adentro...

Decir que llega el momento en que no ansío su llegada, que no reproduzco su voz en mi cabeza, en esa "la ultima estación"...

Decir que amaneció... y que pude despertar...  decir que dejé de amarle...  decir todo eso y más...                                                                                                            

                                                 pero sería mentir...
       
y él odia las mentiras...


Quizá lo mejor sería callar. Aunque omitir también es mentir.

-¿Tú qué ocultas tras tu máscara?
-La otra parte de mi realidad...



sábado, 27 de mayo de 2017

El viento

No comprendo al viento, cómo juega con el mundo sin que nadie pueda verlo...

Yo tenía atesorado un puño de arena entre mis manos. Me aferraba, la acercaba a mi pecho y apretaba fuerte.

Sin que pudiera evitarlo la arena se me fue colando entre los dedos, no pude detenerla. Sin quererlo se esfumaba y a cada paso iba perdiendo un poco más. Ironías. Yo la aferraba y ella quería escapar.

Y no importó cuánto me esforzara, la arena grano a grano se iba metiendo entre mis dedos hasta perderse y caer al suelo. Crash. Y luego, volar con el viento.

Y ahí seguía yo, intentando proteger los últimos granos de arena que quedaban. Maldigo mis manos necias y mis torpes dedos.

Y luego el viento...

El viento como una ola llegó y decidió arrebatarme lo poco que me quedaba, me hizo extender los dedos para abrir los puños y se llevó todo volando lejos, entre remolinos y juegos absurdos, se dibujaba todo en siluetas confusas.

Y por fin pude verlo, pude verlo todo, ver el viento que me arrebataba la vida, dibujándose por la arena, cobrando la forma de todos los momentos que me quitó...

Y ahí, con las manos extendidas me quedé, parada en medio del parque, o de una avenida o de algún sitio, parada con las manos vacías, sola, con la conciencia aturdida. Mirando hacia adelante cómo se alejaba todo lo que un día juré proteger, lo que se me dio como un regalo pero me fue arrebatado de golpe.

No comprendo al viento, y no comprendo porque se me dio ese regalo para ser arrancado de mis manos; porqué sigo ahora con las manos vacías, estas torpes manos.

Y el viento sigue jugando...


lunes, 15 de mayo de 2017

-Maestra, ¿de dónde nacen los niños?- inclina levemente la cabeza hacia su derecha y me mira con cara de inocente travesura, como si no supiera la respuesta: me estaba probando. Después ríe, con un susurro pícaro en el tono, se voltea y sigue con la lectura.

Cada que un niño me pone esa cara, no me resisto, solamente atinó a sonreír y se me llena el corazón de gozo. Me contagian y mi día da un giro, se transforma mi perspectiva y la esperanza persiste, aún se puede. No importa que tan mal vaya el mundo, aún se puede.

Quién fuera niño aún siendo adulto, qué dicha poder ver el mundo de esa manera, disfrutar la vida y abrazarte a ella.



Ver el mundo y disfrutar la vida...


lunes, 8 de mayo de 2017

Aún hoy, a kilómetros de distancia entre tu indiferencia y mi obstinación, aún hoy, que el semáforo cambia de ámbar a rojo, me sigo preguntando con coraje ¿hasta cuándo?

Hoy no hay señales ni semáforos en verde.

Me encuentro detenida en un cruce: entre miradas y sueños; entre palabras y momentos; entre el vacío y el sofoco; entre recuerdos y tus ojos. 

Entre la intermitencia del ámbar y el rojo. 






domingo, 30 de abril de 2017

Y pensar que aún se me acelera el pulso y se me corta la respiración cuando veo "escribiendo...".

Increíble que las esperanzas de algunos sean la muerte de otros tantos.

Hoy no sé qué pasará, si mañana habrá un día de sol o seguiremos en penumbras, si sabremos qué nos mueve o seguiremos estancados, si echaremos raíces en la tierra o hacia el cielo...

Sea como sea, siempre podremos crecer...

Yo también necesito
una medicina para no soñar...


lunes, 24 de abril de 2017

Una mañana desperté y mi reflejo ya no estaba ahí: me había vuelto invisible. Salí corriendo a buscarte, eras el único en quien confiaba para ayudarme a salir de esta confusión, pero al llegar a ti noté que tenías la mirada perdida. Estaba parada frente a ti y juro que sentí que podías atravesar mi cuerpo con tus ojos y no notabas nada, para ti yo ya no estaba ahí. Era como si no estuviera, juro que así lo sentí.

Me desconcertaba tanto la situación: Yo, haciéndote señas, malabares, muecas. Tú, indiferente, frío, distante. Ajeno.

Te toqué y mi caricia se perdió en el tiempo, no te sentí. Grité, me aferré a seguir existiendo y débilmente mi voz llego a tu oído como un susurro. Lo noté, levantaste la mirada como buscando entre la gente pero volviste a cerrar los ojos. No me encontraste.

Sí, me había vuelto invisible, un fantasma para el mundo, un ser inexistente. Mi temor más grande se había hecho realidad.


Mientras mi recuerdo se va desdibujando,
yo solo pido que no dejes de buscar...


sábado, 22 de abril de 2017

Amnesia

Quisiera perderme, encerrarme en mi mente y no voltear hacia ningún sitio, mirar los rostros de la gente y sentirme vacía; no saber de mi ni de nadie.

Cavar profundo, cubrirme de rostros y de risas y de cuentos ajenos y no sentir nada; enterrarlo todo. Enterrar mi propio cuento y olvidarlo también.

Inmóvil, sin prisas; que el tiempo pasara de largo y no me mirase siquiera. Que no notase que han pasado tantos años y que no hice nada con ellos.

Desconocer el mundo, no sentir nada.

Desenchufar los cables y reiniciarme completa; sentir que ya no siento y que el pecho no es bodega y que la respiración no se me corta más.

Que todos mirasen y no supieran mi historia, ni mis fracasos, ni ningún detalle de mi vida; ser una desconocida para mi y para el mundo.

Vivir un día a la vez, volver a sentir el frío en mis pies y no la fricción y la sangre correr por tanta prisa.

Quisiera ir más despacio o detenerme totalmente; decidir parar de participar en esta carrera y que a nadie le importara si han pasado ya diez días o diez años.

Que a nadie le importara mi vida, que nadie fingiera que le importa, que pasasen de mi.

Ser adulta y enfrentarlo todo; que nadie preguntara lo que no quiere saber. Que nadie preguntara nada.

Y no decir nada y que eso esté bien, ser muda y sorda y ciega. Y guardarme todo para mi y para nadie, y respirar de nuevo y limpiarme los ojos de esta arena que me cala.

Y mostrar de nuevo una sonrisa que no engaña a muchos pero que me baste para acallar las voces.

Que no existieran las preguntas ni las respuestas ni los porqués. Que pasara el tiempo y sucediera lo que tenga que ser; no pedirle a Dios las fuerzas y tenerlas de un tirón.

Olvidarlo todo y que me olviden, y vivir ajena, indiferente.

Oculta y distante...



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